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http://www.revistaik.com/la-acumulacion-de-pequenas-frustraciones-puede-convertirse-en-una-gran-explosion-cuidado/

La acumulación de pequeñas frustraciones puede convertirse en una gran explosión, ¡cuidado!

Por Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

En todas las parejas suelen producirse pequeñas frustraciones o insatisfacciones por deseos o fantasías no realizadas, a veces porque no se llegan a expresar y por ello resultan imposibles de satisfacer. Es difícil llegar a comunicar nuestros auténticos deseos con la delicadeza y naturalidad suficiente.

A veces se convierten en imposiciones un tanto agresivas que generan malestar y otras en sugerencias tan tímidas que no producen el efecto deseado. En los primeros tiempos, cuando aún conservamos grandes dosis de entusiasmo, preferimos justificar y dejar pasar tales “pequeñas cosas”, si realmente son pequeñas, cuando no nos ofenden o hieren de forma clara. Pero, con el tiempo, la acumulación de esas “pequeñas cosas” puede llegar a convertirse en intolerable, dando lugar a una reacción inesperada.

Esas pequeñas frustraciones se van acumulando en las dos partes, en cada integrante de la pareja, cuando nacen de la timidez. Por esta vía se llega a la pérdida de ilusión o cansancio. Cuando se trata de situaciones en las que una parte impone su voluntad o deseos a la otra sin escuchar su opinión, sugerencias o propios gustos, entonces la frustración se acumula solo en quien otorga y calla, dando lugar a un rencor encubierto y a un aumento de las exigencias o actitudes de imposición en la otra parte.

Si en la pareja se producen situaciones de este tipo, es muy importante manifestarlo cuanto antes y buscar ayuda para aprender a comunicarse con delicadeza y sinceridad, antes de que las frustraciones den lugar a cualquier tipo de estallido físico o emocional. Estos estallidos aparecen en forma de discusiones por cosas sin importancia, de forma aislada, hasta que llegan a convertirse en habituales y aumentan en gravedad.

En relación con el tema de las pequeñas frustraciones acumulativas, consideraremos el caso de un hombre que vino a visitarme para reclamar mi ayuda profesional. Después de algunos años de relaciones poco estimulantes, encontró al fin a una mujer que lo hacía vibrar con la pasión y el hechizo del enamoramiento.

Comenzó a sentirse nuevamente en la adolescencia y se propuso hacer todo lo que estuviera en su mano por cuidar la relación. Por ello mismo se olvidó de sus propios deseos para centrarse plenamente en la satisfacción de los de ella. Buscó los recursos necesarios para que ella gozara de ese viaje, comida, ropa, joyas o productos de belleza por los que expresara el más mínimo interés.

Él era un hombre sencillo que no necesitaba de lujos y alardes. Pero se sentía feliz viéndola a ella disfrutar. Así se lo decía a todos sus amigos. Y procuraba convertir cada regalo en una mágica sorpresa. En sus relaciones íntimas siguió conservando el mismo patrón de conducta. Antes de buscar su propia satisfacción, se esforzaba por conseguir que ella tuviera no uno, sino muchos orgasmos.

Así pasaron los primeros dos años y aunque se sentía feliz, sintió que algo comenzó a cambiar, pero no sabía qué era. Poco a poco fue perdiendo ilusión, procurando que ella no lo notara, porque ella seguía siendo el centro de su vida. Él abandonó sus antiguas amistades, redujo al mínimo su actividad profesional para centrarse en ella y solo en ella. Hasta que su enamorada comenzó a notar también el cambio y se lo reprochó.

Estaba convencida de que ya no sentía la misma ilusión porque había encontrado a otra mujer. Aquellos celos no tenían ningún fundamento. Él se sintió muy herido e incomprendido y comenzaron los reproches. A partir de entonces, comenzó a pensar que ella era muy injusta porque él lo dejó todo, renunció a su propia satisfacción sexual y ahora sentía que todo su esfuerzo había sido en vano. No podía luchar contra aquellos celos irracionales y comenzó a considerarla como una mujer enferma. Ese fue el principio del fin.

Cuando rebosó la “bolsa” de las frustraciones se activó un volcán incontrolable. En pocos días pasó de vivir en lo que él creía que era el cielo a lo que estaba convencido de que era realmente el infierno. En ese momento, por fortuna, buscó ayuda y se pudo resolver la situación.

Juan Antonio López Benedí

 

http://www.revistaik.com/si-no-actuas-tu-relacion-de-pareja-se-convertira-en-un-campo-de-guerra-haz-algo-ya/

Si no actuas tu relacion de pareja se convertira en un campo de guerra haz algo ya

Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

Como ya vimos, no resulta conveniente buscar personas perfectas en las relaciones porque tal orientación nos lleva a experimentar la desilusión y la frustración. Los procesos que vivimos en nuestras relaciones son complejos, esecialmente cuando se mezclan necesidades afectivas, intereses financieros, sociales y deseos sexuales. Conviene tener paciencia para poder construír un hogar o aquella forma de vínculo que, de una u otra forma, todos deseamos. Pero en tales procesos resulta igualmente importante saber cuáles son los límites para las relaciones saludables y qué síntomas nos pueden ayudar a considerar la necesidad de un cambio o de ayuda externa, por parte de una persona especializada, antes de meternos en el “infierno”. Muchas veces, las rupturas o guerras en las parejas llegan cuando no hemos visto a tiempo esos síntomas o no hemos actuado adecuadamente en el momento oportuno. Por ello mismo pasaremos a considerar las situaciones y estados de ánimo que se generan en nuestras relaciones, en los límites de lo saludable, para saber cuándo es el momento más adecuado para evitar que las dificultades aumenten y se conviertan en heridas difíciles de sanar. En las próximas semanas iremos consideando, con algún ejemplo, estos puntos. Asimismo queda abierto también el buzón de sugerencias por si alguno de los lectores desea plantear algún problema o situación concretos. Por el momento dejaré apuntada la reflexión sobre aquellas situaciones en que nos sentimos desanimados, con falta de ilusión o motivación, aunque todavía no hemos llegado a experimentar rencor o resentimiento.

En todas las parejas suelen producirse pequeñas frustraciones o insatisfacciones por deseos o fantasías no realizadas, a veces porque no se llegan a expresar y por ello resultan imposibles de satisfacer. Es difícil llegar a comunicar nuestros auténticos deseos con la delicadeza y naturalidad suficiente. A veces se convierten en imposiciones un tanto agresivas que generan malestar y otras en sugerencias tan tímidas que no producen el efecto deseado. En los primeros tiempos, cuando aún conservamos grandes dosis de entusiasmo, preferimos justificar y dejar pasar tales “pequeñas cosas”, si realmente son pequeñas, cuando no nos ofenden o hieren de forma clara. Pero, con el tiempo, la acumulación de esas “pequeñas cosas” puede llegar a convertirse en intolerable, dando lugar a una reacción inesperada. Esas pequeñas frustraciones se van acumulando en las dos partes, en cada integrante de la pareja, cuando nacen de la timidez. Por esta vía se llega a la pérdida de ilusión o cansancio. Cuando se trata de situaciones en las que una parte impone su voluntad o deseos a la otra sin escuchar su opinión, sugerencias o propios gustos, entonces la frustración se acumula sólo en quien otorga y calla, dando lugar a un rencor encubierto y un aumento de las exigencias o actitudes de imposición en la otra parte. Si en la pareja se producen situaciones de este tipo, es muy importante manifestarlo cuanto antes y buscar ayuda para aprender a comunicarse con delicadeza y sinceridad, antes de que las frustraciones den lugar a cualquier tipo de estallido físico o emocional. Estos estallidos aparecen en forma de discusiones por cosas sin importancia, de forma aislada, hasta que llegan a convertirse en habituales y aumentan en gravedad. Seguiremos avanzando, con ejemplos.

http://www.revistaik.com/es-verdad-que-todos-tenemos-un-precio-cuanto-crees-que-vales/

¿Es verdad que todos tenemos un precio? ¿Cuánto crees que vales?

Juan Antonio López Benedí Ph. D.

juanbenedi@gmail.com

Después de muchos años de impartir formación en grupos y sesiones personales, sé que las mujeres tienden a expresar más fácilmente sus emociones y a interesarse por el desarrollo personal en un número muy superior a los hombres. Pero eso no quiere decir que los hombres no lo hagamos. Lo hacemos de otra forma. Muchos hombres leen estas líneas y reflexionan sin decir nada. Mantienen un diálogo interno. Un diálogo más importante de lo que parece. Porque en esa reflexión propia, sin que lleguen a expresar opiniones, sentimientos o reacciones emocionales aún, están forjando su nuevo mundo. Un mundo que florecerá poco a poco en la autoaceptación, la flexibilidad en la comunicación, en las relaciones familiares y afectivas en general, a la vez que ayudará a depurar sus propios valores internos, teniendo así cada vez más claro lo que realmente merece la pena en sus vidas; en nuestras vidas. Se trata de un proceso natural de maduración emocional, sin sentirnos juzgados, presionados o criticados. Un proceso en el que cada hombre irá poniendo en su balanza interior sus pensamientos, deseos, sentimientos y objetivos de vida, desde la más absoluta libertad y en secreto, hasta que por sí mismos fructifiquen los dulces resultados de la cosecha. Será entonces cuando comenzarán a expresarse y lo harán dejando sorprendidas a muchas mujeres; sorprendidas y enamoradas.

Hace un tiempo hablaba con un amigo y colega sobre dinámicas para combatir el estrés. Él tenía mucha experiencia y yo por entonces comenzaba con mis propuestas. Había elaborado un programa para trabajar en grupo y me sentía orgulloso del mismo. Buscaba su reconocimiento y aprobación. Acababa de descubrir alternativas para diferentes tipos de estrés. Mientras él leía, yo hablaba sobre mis métodos. Estaba seguro del éxito de mi descubrimiento, completamente entusiasmado. Hablaba y hablaba sobre el tema. Entonces él terminó su lectura, miró el dorso de la última hoja y me dijo: “¿Y dónde están las mujeres?” Su pregunta me desconcertó y vació mi mente al instante. “¿Qué mujeres?”, pregunté. Me caes bien y voy a contarte un secreto, respondió. “Los mejores cursos de estrés para ejecutivos son los que se llevan a cabo en lugares parecidos a la Mansión de Playboy, atendidos por muchas chicas sonrientes y de buen ver”. Entonces me sentí perdido. Pensé que desde esa visión experta mi programa sería un completo fracaso. En ningún momento había previsto nada ni remotamente semejante. Me dejó pensando en que tenía mucho que aprender aún. Unos años después estaba de visita en casa de unos amigos y llegó su hija. Ella tendría unos veinte años. Estaba trabajando como patinadora por las calles, ofreciendo una determinada marca de cigarrillos. Estaba contenta. Entre bromas y anécdotas dijo: “A los hombres, enseñándoles las piernas y un buen escote se les vende lo que sea”. Desde entonces he visto y aprendido muchas cosas, motivado por una pregunta: “¿No se puede cambiar el rumbo en la biología masculina? ¿Seremos tan fácilmente manipulables?”

Tienden a confundirse muchas cosas: deseos y sentimientos, necesidades afectivas y amor, el valor y el precio de las personas. Hace mucho tiempo que viene ocurriendo. Hombres y mujeres caminan con orgullo por las diferentes avenidas del mundo saboreando el triunfo. Hay quienes identifican tal momento culminante con tener grandes casas en diferentes lugares, varios automóviles relucientes y un prestigio social, entre otras cosas. También escucho a menudo que todo ello, el éxito, tiene un precio. En ciertos casos, para poder mantener el “estatus social”, algunas personas no tienen tiempo para disfrutar realmente de nada. Recuerdo un amigo, un buen y querido amigo, que consiguió triunfar en los negocios, comenzando a los catorce años como un simple limpiador de autos. Llegó a tener su avión privado y varias casas de lujo: una en la mejor zona residencial de la ciudad, otra en mitad del campo con su propio terreno privado para cazar y la tercera en la costa junto a un famoso puerto de lujosos yates. Cada semana pasaba un par de días en cada una de sus casas y a todas me invitó en diferentes ocasiones. Para mantenerlas había tres familias a su servicio, una en cada residencia, y se ocupaban de que todo estuviera preparado a su llegada. Él estaba orgulloso de sus logros. Pero yo pude mirar detrás de ellos y encontré una inmensa soledad. Anhelaba disfrutar de momentos entrañables porque en su familia sólo se hablaba de dinero y todos luchaban por llevarse el trozo más grande del pastel, aunque sus hijos también tenían sus propias posesiones magníficas. Una tarde me confesó que había perdido algo en su camino y que no sabía cómo recuperarlo.

Hay muchas personas así. Me tocó conocer a unas cuantas, que buscaban mi ayuda, en diferentes talleres y sesiones personales, a lo largo de los años. Confundir el valor con el precio ocurre cuando tendemos a vernos como objetos, dentro de un mundo de objetos de consumo. Aunque nadie lo diría así, en relación con su propia vida y persona, esto es lo que nos lleva a una afirmación muy difundida: “todos tenemos un precio”. Y cuando aceptamos esto, cuando pensamos que podríamos hacer cualquier cosa si nos pagan lo suficiente o que nuestros objetivos en la vida se encuentran directamente relacionados con el “estatus económico”, entonces hemos perdido el rumbo en relación a “tener valor como persona”. Una terrible trampa que puede arrastrarnos sin remedio y con desastrosas consecuencias, no solo para nosotros mismos sino también para nuestro entorno social y el ecosistema del planeta. Una situación que tal vez nos recuerde algo de lo que en este momento está ocurriendo en nuestro mundo. ¿Hay remedio? Por supuesto. ¿Dónde se encuentra? Primero en nosotros mismos, en nuestra forma de considerar la vida, el trabajo, las relaciones sociales, familiares y amorosas. Pero he de advertir que si creemos tenerlo resuelto, si pensamos que esa trampa en nada tiene que ver con nosotros, nos equivocamos. Para poder evitarla precisamos estar atentos, distinguir qué son los valores de las personas y evitar dejarnos arrastrar cada día por la tentación de sentirnos objetos en un mundo de objetos marcados con un precio. Aquí comienza la madurez emocional como personas. Aquí comienza la alternativa para que la especie humana sobreviva en el planeta.

El valor de la palabra en la sanación

Ph. Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

            Este artículo presenta la codificación regresiva a través de un caso. Muestra la posibilidad de ayudar en el tratamiento del cáncer. Esta ayuda se basa en la correlación con factores emocionales positivos. Tal proceso es complementario con cualquier otra técnica terapéutica. También muestra el peligro de transmitir mensajes que destruyan los progresos logrados con anterioridad.

La codificación regresiva es una forma de aprovechar el lenguaje imaginativo natural. Este lenguaje lo utilizamos, por ejemplo, cuando soñamos. Por su mediación damos salida a nuestras emociones o impulsos internos. Tal representación simbólica se apreció y estudió profusamente en el ámbito del psicoanálisis. A partir de las propuestas de Sigmund Freud se abrieron después muchas otras investigaciones y aplicaciones. Esta propuesta de codificación emocional, dirigida técnicamente, ha probado ser muy efectiva en procesos de alteración de la conciencia. Estos procesos pueden ser consecuencia de actividades lúdicas o inducciones hipnóticas. Se producen cuando la actividad cerebral se encuentra por debajo del neocórtex. Este área se conoce como “cerebro emocional” o zona límbica. Como ejemplo práctico de observación, citaré a continuación un caso real.

Se trataba de un hombre jubilado, de 67 años. Había comenzado a sentir ciertas molestias a raíz de la jubilación. Finalmente le diagnosticaron un tumor en el hígado. Aquello le asustó y se encontraba desmoralizado. Vino a verme acompañado por su mujer. Su objetivo era encontrar alivio a través de un procedimiento complementario con el tratamiento médico que seguía. Su proceso no era especialmente doloroso. No buscaba ninguna fórmula para reducir el malestar físico. Se apreciaba en él una gran tristeza. Sus familiares habían observado la decadencia en su aspecto y en su sentido del humor. Les parecía que hubiera envejecido muchos años de golpe. Llegó a mi consulta por el empeño que había puesto su mujer; así me lo confesó. Él no esperaba nada y veía mi trabajo con escepticismo. Yo le invité a probar. No traté de convencerle de lo bueno que era lo que yo hacía. Respeté su opinión. Tan sólo propuse que no se dejara llevar por las creencias o recomendaciones de nadie. Debía centrarse en su propia experiencia. Al finalizar la primera sesión hablaríamos. Le pareció bien.

Comencé con un procedimiento de observación sensorial. En él se combinaron respiraciones rítmicas profundas con instrucciones sencillas. Fuimos pasando de las sensaciones externas objetivas a las subjetivas externas e internas. Primero le hice concentrarse en las sensaciones de la piel, en las diferentes partes del cuerpo y la ropa. Después le hice ampliar su sensibilidad sintiendo, a través de su ropa, los zapatos, el suelo, el sillón y el aire. Seguidamente le induje a sentir las paredes y el techo a través del aire. Pasamos seguidamente a su interior. Sintió los pulmones, la sangre, el corazón, el esófago, el estómago, el intestino y el hígado. Una vez allí le propuse que observara sus órganos por dentro. Al llegar al hígado describió tres “bolitas”, que se correspondían con los tumores. En ningún momento le dije que tuviera que ver nada allí. Pero él pareció entusiasmarse porque las veía “con toda claridad”. El siguiente paso fue rastrear aquellas “bolitas” en su evolución temporal. Le propuse observar asociaciones en relación con sus vivencias y recuerdos. Estos iban apareciendo en forma regresiva hasta que tales “bolitas” desaparecieran. Rastreando tal pista fueron surgiendo imágenes y sentimientos de inutilidad y pérdida del sentido de la vida. Me pareció suficiente aquella información. Llamó mi atención que el proceso se hubiera manifestado después de jubilarse. Por este motivo le sugerí indagar en aquellos sueños, metas o impulsos que le atrajeran. Buscamos asociaciones de temas que le parecieran atractivos en este momento. También buscamos objetivos o deseos insatisfechos de cualquier otro momento de su vida. Y apareció un fuerte impulso por ayudar a los demás. Siempre quiso aliviar el dolor y el malestar ajeno, aunque nunca se sintió especialmente dotado para ello. Tampoco había estudiado nada que le permitiera prepararse en ese sentido. Vio sus limitaciones por diferentes causas, temores y prejuicios. Pero le gustaría hacerlo ahora. Veía que la jubilación le permitía tener tiempo para prepararse. Era su oportunidad para sentirse optimista y motivado. Le induje a verse formándose en este sentido y se vio curando con las manos. Aprovechando tal visión, le hice sentir la energía en sus manos y cómo se aliviaba al aplicársela a sí mismo. A la vez, focalicé sus sensaciones para que notara la energía fluyendo por todo su cuerpo. Esta energía debía tener un color blanco azulado, así como una vibración intensa y agradable. En ese proceso de visualización sentía entusiasmo y notaba que las “bolitas” del hígado se diluían. Él mismo se admiró al observar que ese flujo energético parecía absorberlas.

Al terminar la sesión le propuse que mantuviera aquella imagen de los tumores disolviéndose en la energía blanca azulada. Le sugería, además, que probara con curiosidad aplicando la energía de sus manos para aliviar el malestar de otras personas. Por supuesto, también debería hacerlo con el suyo. Le propuse que se dejara llevar, aunque no tuviera conocimientos sobre la materia. Después podría formarse, si lo deseaba. Pero lo importante era “jugar” a sentir y compartir ese flujo de energía sanadora cada día. Y así lo hizo. Durante un año, paralelamente al tratamiento médico que seguía para su enfermedad, mejoró su calidad de vida a través de la imposición de manos. Las personas a las que trataba de ayudar le manifestaban su gratitud. Realmente se sentían mejor tras la imposición de manos. Y aquello le motivó mucho. Después asistió a varios cursos para aprender a utilizar la energía de sus manos. En uno de ellos, un profesor le dijo que él no podía hacer lo que hacía. Le hizo verse como un enfermo y que dañaría más su propia salud. Aunque tal opinión fuera contraria a los hechos, la creyó. Le pareció “lógica”. Desde ese momento se convirtió en una sugestión, recibida por parte de una persona que él consideraba experta en el tema. Olvidó lo que experimentó conmigo. Aquello le hizo retroceder en su proceso.

Aquí apreciamos la fuerza y el riesgo de la sugestión. La codificación regresiva es un medio muy eficaz para activarla. Debidamente enfocada ayuda a resolver procesos de somatización o alteración orgánica tan complejos como puede ser el cáncer. Pero también pueden utilizarse códigos emocionales, de manera ignorante e involuntaria, para producir efectos contrarios. Estos serán consecuencia de las creencias limitantes. Resulta fundamental aprender a estructurar de forma no impositiva tales códigos y dirigirlos de manera constructiva. Al hacerlo así se logra una herramienta muy eficaz de apoyo y complemento con otros tratamientos. Estos tratamientos físicos, de cualquiera de las llamadas medicinas alternativas, naturales, se verán siempre potenciados por este medio. Pero cuando no se tiene en cuenta su correcta aplicación también puede entorpecer los procesos. Esto se ha probado, tanto en los tratamientos naturales, alternativos, como en la medicina alopática.

 

CODIFICACIÓN REGRESIVA

Para el desbloqueo emocional y la mejora en procesos de somatización

Dr. Juan Antonio López Benedí

          El método de la codificación regresiva se basa en la coordinación coherente del lenguaje conceptual con la asociación simbólica libre, natural en todo ser humano, como reflejo de la sensibilidad emocional y su representación subjetiva. Su operativa práctica ha demostrado ser muy efectiva en todos los casos en los que ha sido aplicada, desde 1987. Las personas tratadas con ella confirman siempre una sensación de bienestar inmediato en cada sesión, descrita como “alivio y ligereza”. Esta experiencia se traduce después en una mejora constatable, en algunas ocasiones con verdadero asombro, en las relaciones afectivas específicas tratadas. Estas últimas pueden ser en relación con terceros o con la misma persona, es decir en su autoestima y potenciación de habilidades sociales previas.

Esta metodología se encuentra especialmente indicada para quienes se dedican a la práctica de la psicoterapia y como complemento de otros procedimientos o técnicas terapéuticas, como puede ser la acupuntura, la reflexología, el masaje o el biomagnetismo, entre otras, además de la medicina alopática tradicional. Por su mediación se ofrece una sencilla aplicación altamente eficaz por los resultados que genera de forma inmediata. En ella se combina el sondeo del subconsciente de la persona, a través de imágenes oníricas o fantasías, con procesos de retroalimentación en un estado alterado de conciencia. En esta forma se supera la resistencia de los individuos que sufren procesos neuróticos, permitiendo ajustes que facilitan enormemente el trabajo terapéutico.

Aclaración de términos

Para evitar el sesgo que el término “hipnosis” ha planteado por su utilización en “el mundo del espectáculo” y sus posibles efectos secundarios, es preferible hablar de “alteración de la conciencia”. Se trabaja en ella desde un trance ligero, en una dualidad de conciencia con el fin de analizar y corregir los desequilibrios emocionales con rapidez. En pocas palabras, hace posible que el terapeuta actúe sobre la persona pasando de la actividad en el neocortex (pensamiento consciente) a la zona media del cerebro (procesos emocionales subconscientes), para disolver desde ahí sus bloqueos, fobias o experiencias dolorosas del pasado. Todo ello se vincula también con lo que se conoce como “sueño dirigido”. Este consiste es una técnica específica en el campo de la conciencia alterada, por medio de la cual se pueden reconducir los desequilibrios emocionales de las personas, una vez que los síntomas, causas y procesos neuróticos quedan claramente establecidos, dentro de la simbología onírica propia de cada cual, para canalizarlos y reconducirlos.

Antecedentes

John Nathaniel Rosen, psiquiatra estadounidense, publicó sus experiencias con técnicas que él denominó “psicoanálisis directo” aplicadas para la recuperación de la psicosis sin el uso de medicamentos, con resultados muy exitosos, en diferentes libros. Partiendo de estas propuestas, combinadas con mis propios trabajos e investigaciones relacionados con la hermenéutica de los sueños, así como de otros símbolos y desarrollos legendarios del imaginario colectivo, los procesos e investigaciones relativos a la hipnosis y la alteración de la conciencia, con pautas exclusivamente comunicativas, más las investigaciones llevadas a cabo por Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de California, fui asentando la metodología operativa a la que se refiere el presente texto.

Bibliografía

EKMAN, P. (1991): Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Barcelona. Paidós.

EKMAN, P. (2004): ¿Qué dice ese gesto? Barcelona. Integral.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1991): Cómo interpretar los sueños. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1996): Hipnosis-Sofrología. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2008): Regresiones. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2009): El corazón inteligente. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2013): La comunicación integral. Barcelona. Obelisco.

Rosen, J. N. (1978). Psiquiatría psicoanalítica directa. Madrid: Biblioteca Nueva.

Rosen, J. N. (1981). Direct Psychoanalysis. En R. J. Corsini (ed.), Handbook of innovative psychotherapies. New York: John Wiley & Sons, Inc. pp. 241-251.

Rosen, J. N. (1975, 1977). Psicoanálisis directo. 2 tomos. Madrid: Biblioteca Nueva.

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